Paulo Lisboa desafía nuestra experiencia física

Por JAN-PHILIPP FRUEHSORGE

 

Cuando pensamos en la luz proyectada sobre una pantalla, solemos tener una idea de movimiento y figuración del montaje y
la narración. Esta proyección rara vez sería abstracta y rara vez estaría quieta. El artista Paulo Lisboa, desafía nuestra experiencia física y nuestra percepción visual hasta el punto de que esas preguntas -¿es luz? ¿es una proyección? ¿es posible que se esté moviendo? – se vuelven tan relevantes como la pregunta clave elemental: ¿qué es una imagen?

Lisboa dibuja con grafito sobre aluminio y sobre papel, pero evoca la apariencia más sutil y sorprendente de un objeto que irradia como si la fuente de luz estuviera colocada dentro del dibujo. De hecho, Lisboa tiene un profundo interés por los proyectores de cine y la
estética de los aparatos cinematográficos. Sus instalaciones utilizan estos dispositivos para cuestionar la propia naturaleza de la creación de imágenes a través de la luz.

Hay un elemento sorprendente de paradoja, que se crea a través de la presencia material (grafito sobre una superficie) y la impresión de inmaterialidad (luz). Lisboa nos seduce con éxito mediante la suspensión de la incredulidad. Un juego que ya practicaban
los pintores de la antigüedad: el arte como mimesis perfecta. Zeuxis pintaba uvas tan realistas que los pájaros se engañaban y las picaban. Pero aquí ni siquiera hay que captar algo tangible, miramos los dibujos que evocan perfectamente, la materia, la luz y las formas abstractas.

 

Imagen de portada: PAULO LISBOA, Untitled, 2020. Charcoal on aluminium, 100×70 cm (detail). ENQUIRY

Paulo Lisboa. Photo: Pauliana Valente Pimentel
PAULO LISBOA, Sem título, 2015. Graphite on paper, 100x70 cm
PAULO LISBOA, Sem título, 2015. Graphite on paper, 100x70 cm