Intervista a tres voces. Eduardo Stupía

Por DEBORAH REDA y MÓNICA ÁLVAREZ CAREAGA

El maestro argentino Eduardo Supía se reunió en Buenos Aires con las comisarias Mónica Álvarez Careaga y Deborah Reda, para establecer un dialogo a tres voces. No solo es artista sino que se desempeña también como docente y curador, de una gran generosidad y talento.

Deborah Reda: ¿Cuándo empezaste la carrera de Bellas Artes, ya sabías que te ibas a dedicar a dibujar?

Eduardo Stupía:  Hay que entender primero lo que se consideraba dibujo en los ´70 cuando yo empecé. En la lectura institucional pedagógica de los años ´70, estaban muy claramente divididas las disciplinas: la pintura, el dibujo, el grabado, la escultura; eso implicaba que si uno dibujaba era dibujante, ni siquiera se decía artista. Si yo hubiera pintado, la gente me hubiese llamado pintor. Como yo eventualmente dibujaba, me llamaban dibujante y la gente me preguntaba qué dibujaba. Es decir, si hubiese sido pintor la gente no me hubiese preguntado que pintaba. El dibujo en esa época estaba muy ligado a la representación, relacionado con el dibujo formal académico y también con el dibujo técnico.

Deborah Reda: Tus dibujos han sido siempre peculiares. Tienen ciertas cualidades pictóricas ¿podríamos decirlo así?

Eduardo Stupía:  Es cierto; a la vez, cualquier encuadre que yo intente parecerá bastante arbitrario, por el tipo de gramática con el que trabajo, pero no me importa mucho eso.  Yo siempre fui una rara avis, siempre expuse dibujos en blanco y negro desde el 76 hasta la década del 80, primero los dibujos fueron en pluma y tinta y luego comenzaron a expandirse hasta que, ya en el 2000, adquieren otra nomenclatura. Hubo cierto desarrollo y la metamorfosis, la transformación se hizo pictórica en el formato y en el uso de las técnicas mixtas. Ya la idea del dibujo aparecía por otros medios, ya más inserto en la escena del arte contemporáneo; las cualidades dibujísticas transformaban el espacio mismo del soporte, así como empezó a influir fuertemente en el lenguaje la utilización de materiales diversos. Y ahí entonces, ya me llamaron artista. Hoy se tiende a cierta multidisciplinariedad, casi no podés evitar verte llevado a un campo expansivo, el medio te induce a abrirte, aunque yo trato de abrirme con mucho anclaje en mis cualidades esenciales, pero a su vez me he expandido bastante.

Mónica Álvarez Careaga: Pero no piensas que, entre tanta diversidad y tumulto, ¿es valiosa la especialidad?

Eduardo Stupía: Por supuesto que sí. Todavía persiste alguna resonancia de aquella definición de dibujante la cual, aunque ya no importe tanto, de alguna manera te convierte en especialista. Ciertas miradas tan específicas como peculiares son valiosas. Si no, todo se hace demasiado lábil. Es necesario volver a las definiciones puras, sin negar la impureza del asunto, de lo contrario la impureza se hace horizontal y todo da lo mismo.

Deborah Reda: Hoy se podría decir que hay cierta tendencia bizarra, si se quiere, en la representación del dibujo. ¿Como te sentís en relación con esta contemporaneidad?

Eduardo Stupía: Yo jamás dibujé o construí escenas en el sentido de representación, narración ni figuración. Aún en narraciones excéntricas como las que existen hoy, se impone una cierta figuración bizarra e imaginería surreal-pop-tecno-trash, donde el dibujo es muy rico, pero a la vez es muy importante la iconografía y el tema. A mí me gusta mucho más el lenguaje mismo del dibujo, el dibujo fenoménico, el cruce autónomo de los recursos gráficos.

Mónica Álvarez Careaga: Yo ahí veo cierto rasgo del dibujo contemporáneo como etiqueta. Sobre todo, que tu dibujo no es preparatorio.

Eduardo Stupía: Si, es verdad; mi dibujo no es para nada programático, como por ejemplo el dibujo de los escultores, tan propio de su aérea. Mi dibujo no tiene ese concepto de preparación. 

Mónica Álvarez Careaga: Para nosotros que vemos el dibujo, que lo detectamos, destacamos, porque tenemos cierto interés en abordar el trabajo con un pensamiento dibujístico detrás. ¿Cómo crees que es el escenario actual para el dibujo argentino?

Eduardo Stupía: El artista hoy es un personaje, políticamente hablando, que tiene que saber cómo actuar en la escena del arte. Creo que se perdió un poco la primacía de la idea y de la forma, de lo ideológico que primero es conceptual. Nunca la disciplina está primero, está primero la estrategia. Que haya dibujo o no haya dibujo no es un problema; siempre primero hay artistas, espacios y políticas. Pero no te podés poner de un lado o del otro. Como aquél que todo lo festeja o el ermitaño que se recluye porque cree que el mundo va en contra suya. Ninguna de estas cosas amerita que te coloques de un solo lado del campo. En los 70 éramos bastante ermitaños, y aquellos de mis colegas que quizás no están tan visibles hoy tienen en parte responsabilidad porque se recluyeron en una furia ideológica contra el mundo que no iba, para ellos, en la dirección correcta. Grandes artistas de esa época se han melancolizado. Yo soy dibujante, pero si hubiese sido pintor seguramente habría sido como ellos.

Mónica Álvarez Careaga: Volvemos al principio entonces.

Eduardo Stupía: Si, es cierto. El dibujo me salvó.

EDUARDO STUPÍA. Graphite, charcoal, pastel, pencil and acrylic on canvas, 200x150 cm
EDUARDO STUPÍA, Paisaje, 2015. Graphite, charcoal, pastel, pencil and acrylic on canvas, 160x120 cm